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La profe

FRAGMENTO DE LA CEGUERA DE JORGE LUIS BORGES

La ceguera
JORGE LUIS BORGES.


Señoras, señores:

En el decurso de mis muchas, de mis demasiadas conferencias, he observado que se prefiere lo personal a lo general, lo concreto a lo abstracto.

Por consiguiente, empezaré refiriéndome a mi modesta ceguera personal.

Modesta, en primer término, porque es ceguera total de un ojo, parcial del otro. Todavía puedo descifrar algunos colores, todavía puedo descifrar el verde y el azul. Hay un color que no me ha sido infiel, el color amarillo. Recuerdo que de chico (si mi hermana está aquí lo recordará también) me demoraba ante unas jaulas del jardín zoológico de Palermo y eran precisamente la jaula del tigre y la del leopardo. Me demoraba ante el oro y el negro del tigre; aún ahora, el amarillo sigue acompañándome. He escrito un poema que se titula “El oro de los tigres” en que me refiero a esa amistad.


Quiero pasar a un hecho que suele ignorarse y que no sé si es de aplicación general. La gente se imagina al ciego encerrado en un mundo negro. Hay un verso de Shakespeare que justificaría esa opinión: “Looking on darkness which the blind do see”; “mirando la oscuridad que ven los ciegos”. Si entendemos negrura por oscuridad, el verso de Shakespeare es falso.


Uno de los colores que los ciegos (o en todo caso este ciego) extrañan es el negro; otro, el rojo. “Le rouge et le noir” son los colores que nos faltan. A mí, que tenía la costumbre de dormir en plena oscuridad, me molestó durante mucho tiempo tener que dormir en este mundo de neblina, de neblina verdosa o azulada y vagamente luminosa que es el mundo del ciego. Hubiera querido reclinarme en la oscuridad, apoyarme en la oscuridad. Al rojo lo veo como un vago marrón. El mundo del ciego no es la noche que la gente supone. En todo caso estoy hablando en mi nombre y en nombre de mi padre y de mi abuela, que murieron ciegos; ciegos, sonrientes y valerosos, como yo también espero morir. Se heredan muchas cosas (la ceguera, por ejemplo), pero no se hereda el valor. Sé que fueron valientes.


El ciego vive en un mundo bastante incómodo, un mundo indefinido, del cual emerge algún color: para mí, todavía el amarillo, todavía el azul (salvo que el azul puede ser verde), todavía el verde (salvo que el verde puede ser azul). El blanco ha desaparecido o se confunde con el gris.
En cuanto al rojo, ha desaparecido del todo, pero espero alguna vez (estoy siguiendo un tratamiento) mejorar y poder ver ese gran color, ese color que resplandece en la poesía y que tiene tan lindos nombres en muchos idiomas.

Pensemos en scharlach, en alemán, en scarlet, en inglés, escarlata en español, écarlate, en francés. Palabras que parecen dignas de ese gran color. En cambio, “amarillo” suena débil en español; yellow en inglés, que se parece tanto a amarillo; creo que en español antiguo era amariello.

Yo vivo en ese mundo de colores y quiero contar, ante todo, que si he hablado de mi modesta ceguera personal, lo hice porque no es esa ceguera perfecta en que piensa la gente; y en segundo lugar porque se trata de mí. Mi caso no es especialmente dramático. Es dramático el caso de aquellos que pierden bruscamente la vista: se trata de una fulminación, de un eclipse; pero en el caso mío, ese lento crepúsculo empezó (esa lenta pérdida de la vista) cuando empecé a ver. Se ha extendido desde 1899 sin momentos dramáticos, un lento crepúsculo que duró más de medio siglo.

Para los propósitos de esta conferencia debo buscar un momento patético. Digamos, aquel en que supe que ya había perdido mi vista, mi vista de lector y de escritor. Por qué no fijar la fecha, tan digna de recordación, de 1955. No me refiero a las épicas lluvias de septiembre; me refiero a una circunstancia personal.

He recibido en mi vida muchos inmerecidos honores, pero hay uno que me alegró más que ningún otro: la dirección de la Biblioteca Nacional.
Por razones menos literarias que políticas, fui designado por el gobierno de la Revolución Libertadora.

Me vi nombrado director de la Biblioteca y volví a aquella casa de la calle México del barrio Monserrat, en el Sur, de la que tenía tantos recuerdos. Jamás había soñado con la posibilidad de ser director de la Biblioteca. Yo tenía recuerdos de otro orden. Iba con mi padre, de noche. Mi padre, que era profesor de psicología, pedía algún libro de Bergson o de William James, que eran sus autores preferidos, o de Gustav Spiller. Yo, demasiado tímido para pedir un libro, buscaba algún volumen de la Enciclopaedia Britannica o de las enciclopedias alemanas de Brockhaus o de Meyer. Tomaba un volumen al azar, lo sacaba de los anaqueles laterales, y leía.


Recuerdo una noche en que me vi recompensado porque leí tres artículos: sobre los druidas, sobre los drusos y sobre Dryden, un regalo de las letras dr. Otras noches fui menos afortunado. Yo sabía, además, que en esa casa estaba Groussac; hubiera podido conocerlo personalmente, pero yo era entonces, puedo decirlo, muy tímido: casi tan tímido como soy ahora. Entonces creía que la timidez era muy importante y ahora sé que la timidez es uno de los males que uno tiene que tratar de sobrellevar, y que realmente ser muy tímido no es importante, como tantas otras cosas a las que uno les otorga importancia exagerada.


Recibí el nombramiento a fines de 1955; me hice cargo, pregunté el número de volúmenes, me dijeron que era un millón. Averigüé después que eran novecientos mil, una cifra más que suficiente. (Quizás novecientos mil parezca más que un millón: novecientos mil; en cambio, un millón se agota en seguida.)

Poco a poco fui comprendiendo la extraña ironía de los hechos. Yo siempre me había imaginado el Paraíso bajo la especie de una biblioteca. Otras personas piensan en un jardín, otras pueden pensar en un palacio. Ahí estaba yo. Era, de algún modo, el centro de novecientos mil volúmenes en diversos idiomas. Comprobé que apenas podía descifrar las carátulas y los lomos. Entonces escribí el “Poema de los dones”, que empieza: “Nadie rebaje a lágrima o reproche / Esta declaración de la maestría / De Dios que con magnífica ironía / Me dio a la vez los libros y la noche.” Esos dos dones que se contradicen: los muchos libros y la noche, la incapacidad de leerlos.


Imaginé autor del poema a Groussac, porque Groussac fue también director de la Biblioteca y también ciego.

Groussac fue más valiente que yo; guardó silencio. Pero pensé que, sin duda, había instantes en que nuestras vidas coincidían, ya que los dos habíamos llegado a la ceguera y los dos amábamos los libros. Él había honrado a la literatura con libros muy superiores a los míos. Pero, en fin, los dos éramos hombres de letras y recorríamos la Biblioteca de libros vedados. Casi podríamos decir, para nuestros ojos oscuros, de libros en blanco, de libros sin letras. Escribí sobre la ironía de Dios y al fin me pregunté cuál de los dos había escrito ese poema de un yo plural y de una sola sombra.

Ignoraba entonces que hubo otro director de la Biblioteca, José Mármol, que también fue ciego. Aquí aparece el número tres, que cierra las cosas. Dos es una mera coincidencia; tres, una confirmación. Una confirmación de orden ternario, una confirmación divina o teológica. Mármol fue director de la Biblioteca cuando ésta estaba en la calle Venezuela.

Ahora es costumbre hablar mal de Mármol o no hablar de él. Pero debemos recordar que cuando decimos “el tiempo de Rosas” no pensamos en el admirable libro de Ramos Mejía Rosas y su tiempo; pensamos en el tiempo de Rosas que describe esa admirablemente chismosa novela Amalia, de José Mármol. Haber legado la imagen de una época a un país no es escasa gloria; ojalá yo pudiera contar con una parecida. La verdad es que siempre, cuando decimos “el tiempo de Rosas”, estamos pensando en los mazorqueros que describió Mármol, en las tertulias de Palermo, estamos pensando en las conversaciones de uno de los ministros del tirano y de Soler.



Tenemos, pues, tres personas que recibieron igual destino. Y la alegría de volver al barrio de Monserrat, en el Sur. Para todos los porteños el Sur es, de un modo secreto, el centro secreto de Buenos Aires. No el otro centro, un poco ostentoso, que mostramos a los turistas (en aquellos tiempos no existía esa publicidad que se llama Barrio de San Telmo). El Sur vendría a ser el modesto centro secreto de Buenos Aires.



Si yo pienso en Buenos Aires, pienso en el Buenos Aires que conocí cuando era chico: de casas bajas, de patios, de zaguanes, de aljibes con una tortuga, de ventanas de reja, y ese Buenos Aires antes era todo Buenos Aires.

Ahora sólo se conserva en el barrio Sur; de modo que sentí que volvía al barrio de mis mayores. Cuando comprobé que ahí estaban los libros, que tenía que preguntar a mis amigos el nombre de ellos, recordé una frase de Rudolf Steiner en su libro sobre antroposofía (que fue el nombre que dio a la teosofía).
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DOLOR

Cualquier día estará, cerca tuyo y
sentirás, que no puedes soportar,
su olor te hará vomitar,
¡explota zerdo! Algún día reventarás,
¡explota zerdo! tus tripas
se esparcirán.
Huele a esclavo de la ley, zipaio, siervo
del rey, lameculos del poder,
carroñero coronel.
¡explota zerdo! Dejarás de molestar,
¡explota txota! Sucia rata morirás.

Por los bares se pasea, y se cree bien

disfrazao nunca podrá camuflar

su cara de subnormal,

y este tufo que akarrea, no es para

nada normal, a kien krea que va a engañar

su hedor lo delatará.

 

La letra de la discordia.

 

Sociedad Alkoholica.

 

 

Acuérdate del dolor

//profesorgarrocha.blogia.com/upload/externo-768fb8a832399f3c45c42ab33ba417bc.jpgTengo una historia más que agregar a mi libro El reino animal, que puede llegar a ser infinito. De acuerdo a un estudio de la Universidad Queen´s de Belfast, en Irlanda, publicado por la revista New Scientist, las langostas, langostinos, cangrejos y otros crustáceos suculentos, sienten dolor cuando son cocidos vivos en la cacerola, o caen en el aceite hirviente de la sartén, debido al complejo sistema de sus terminales nerviosas, que se asemeja al de los seres humanos. Los ácidos y otras sustancias irritantes, les causan también sensaciones dolorosas.

Según el artículo, el doctor Robert Elwood, un zoólogo que es parte del equipo investigador, echó vinagre con un gotero en algunas de las antenas de un grupo seleccionado de langostinos, que de inmediato empezaron a frotar entre sí las antenas afectadas. El dolor estaría entre los elementos de sobrevivencia de los crustáceos, igual que entre los animales vertebrados.

Y si está de por medio el dolor, imaginen si también esos seres que nos comemos con tanta delicia fueran capaces de sentir horror. El horror de ver cómo burbujea el agua hirviente de la cacerola, o sisea el aceite en la sartén donde van a ser lanzados vivos, como si fueran culpables de alguno de los pecados castigados antaño por el Tribunal de la Santa Inquisición.

¿Y los moluscos? Acuérdate del dolor cuando vayas a exprimir un limón sobre tus ostras.

[Publicado el 28/11/2007 a las 11:07]




 

 

 

 

 

 

DEL RECATO Y OTROS PUDORES GERARDO GANDINI

Gerardo Gandini:

Del recato y otros pudores

Reflexiones sobre el oficio del componer

Decidamos que la primera nota será un re. Los problemas comenzarán por la segunda. ¿Si ponemos una segunda? ¿Menor? ¿Mayor? A esta altura del partido me gustan más las mayores. Entonces puede ser un mi (o un do, si la pensamos para abajo).

La tercera nota es aún más problemática (la tercera es la vencida). Si es un sol sostenido - re, mi, sol sostenido - nos dará una sensación de séptima dominante (que podríamos aprovechar más tarde), pero por el momento quisiéramos disimularla. Dependerá de nuestra cuarta nota... . ¿Qué tal un si bemol? Nos provocaría una sensación por tonos que podríamos enmascarar si por ejemplo nuestra siguiente nota fuera un do sostenido.

Tendríamos entonces: re, mi, sol sostenido, si bemol, do sostenido. Ahora las dos segundas mayores del comienzo nos comienzan a parecer un poco sospechosas.

Neutralicémoslas con un fa natural como sexta nota. La novena menor mi-fa y la quinta justa si bemol-fa se nos ocurren relaciones más fuertes que las dos segundas cuestionadas (que luego podríamos usar como escape), también nos está gustando la tercera mayor entre el do sostenido y el fa.

Ya estamos comenzando a pensar qué notas nos faltan para completar las doce. Veamos. Faltan: mi bemol, fa sostenido, sol, la, si, do. ¿En qué orden las usamos?

Luego del fa nos parece que una nueva quinta vendría bien. Pongamos el do y nos queda una hermosa sensación de re bemol mayor en la zona aguda; que inmediatamente contradeciríamos bajando al si y luego al la (obvia sensación de la menor).

Seguramente ahora vendría el fa sostenido para evitar el sol y el tritono que provocaría el mi bemol. (Diabolus in musica que en nuestros últimos años tratamos de evitar; uno se vuelve más pelado y más diatónico).

Ahora sí el mi bemol nos viene bien, porque si usamos el sol nos sonaría como una cadencia perfecta en idem mayor.

But now: ¿Qué hacemos con este sol? No hay ninguna nube en el horizonte. No nos gusta después del mi bemol. ¿Qué tal si lo intercalamos entre el fa y el do? Nos quedaría un sector maravillosamente diatónico. Tendríamos una secuencia que no está tan mal: re-mi-sol sostenido-si bemol-do sostenido-fa-sol-do-si-la-fa sostenido-mi bemol. Recién nos damos cuenta de que tenemos un maravilloso acorde de si bemol menor entre nuestros cuarto, quinto y sexto sonidos; y una hermosa sensación de mi menor en los cinco últimos.

Dejemos este material para repensarlo luego; mañana, si tenemos ganas; a la espera de que lo imprevisto se nos torne necesario.

...

- ¿Habrá alguien que haya escuchado con placer las Estructuras I de Boulez?
- ¿Habrá alguien que haya escuchado las Estructuras I de Boulez?
- Boulez, ¿habrá escuchado con placer sus Estructuras I?
- ¿Es el placer un componente necesario de la escucha?
- ¿Es necesario escuchar las Estructuras I de Boulez?

...

- ¿Qué habrá sentido Schumann cuando se le ocurrió el primer tema de su Tercera Sinfonía?
- ¡Y la epifanía de Schubert al imaginar el lento de su Quinteto con dos chelos!
- ¿Podemos imaginar la bronca de Debussy al recurrir a una solución de emergencia para el final de su Sonata para violín y piano?
- ¡Y el sentimiento de culpa de Beethoven por la marchita del final de la Novena Sinfonía!

...

Estamos casi convencidos de que todo eso que se llama "música contemporánea" es un gran error histórico.
¿Qué queda ya de nuestros viejos amores?
Casi nada. Nos cuesta enumerar fragmentos de memoria:
- ... dolce, ridente, Safo, mágico comienzo de Dallapiccola;
- No más de cinco minutos de si bemol séptima de Stimmung;
- Piano piece for Philip Guston;
- La última variación de la tercera pieza del opus 27;
- Algún fragmento de Nuevas Aventuras;
- Quisiéramos citar algún Berio y sólo se nos ocurre con dudas O King.

...

Después del primer cluster de Atmósferas todos los demás estuvieron de-más: ¡Clusters japoneses, polacos, pampeanos, de la Comunidad Europea, del Mercosur!

...

Un enigma: ¿Cuál tiene menos interés: la música universitaria yanqui o la canadiense?

...

Es hora de retomar nuestro trabajo. Volvamos a nuestra secuencia: re-mi-sol sostenido-si bemol-do sostenido-fa-sol-do-si-la-fa sostenido-mi bemol.

Nos entran muchas dudas.

Yo cambiaría los extremos, que son siempre peligrosos. Comenzaría por el mi bemol y terminaría con el re. De esa manera se evitarían las dos segundas mayores del comienzo; pero la sensación de dominante de mi menor del final se cambia por la de dominante de sol. Idea para después: usar las dos formas, de manera de poder modular de un modo a otro.

¿Será éste el imprevisto necesario que esperábamos?
En el fondo lo dudamos.
Dejemos descansar el material.

...

- Arvo Pärt, ¿se la ceerá?
- ¿Y Felipe Vidrio?

...

No estamos acá en la tercera parte grande de la tercera parte chica. En realidad tampoco estamos en la cuarta mitad de la segunda parte mediana.

Estamos en un estudio de la calle Rivadavia tratando de escribir una ponencia. (De poner un escrito). Viendo cómo llegamos a los pudores y los recatos.

Ahora nos damos cuenta de que en uno hay dos res y en el otro sólo uno. (Y ninguna media res). Podríamos elaborar una célula rítmica 2-1 e invertirla 1-2. Por ejemplo, negra corchea, corchea negra. ¡Lo cual en realidad nos daría una especie de zamba! Mejor lo descartamos.

...

Pensemos:
Tenemos un re cato
y unos pudo res
Si invertimos tendremos repudo
catores
o
pudo cato reres
cato pudo resre

otac odup erser
erser
El ser
El pudor de no haber sido y el recato de no ser
El recato de ser pudoroso

Comienzo de una novela histórica, seguro bestseller, por ejemplo sobre los orgasmos de Monteagudo:

"... él tenía el pudor de ser recatado"
(el pudor de ser rescatado de sus recatos)
El poder de ser
El poder del ser
El poder de ser pudoroso
El pudor de ser poderoso
Lo imprevisto recatado que se torna pudorosamente necesario.

¿Qué tal si volvemos a nuestra secuencia? Lo de los modos no es una mala idea. Toquémoslos en el piano.

Ahora pensamos que lo que molesta es el lugar del fa sostenido. Si lo pasamos al séptimo lugar tendremos un provechoso clustercito (fa-fa sostenido-sol).
Nos queda en ambos modos una zona cromática al comienzo y un consecuente diatónico.

Dejémoslo descansar.

...

¿Cuá será el motivo por el que Cage basa sus Sonatas e Interludios en proporciones numéricas que luego son enmascaradas por el lugar en que sus sonidos aparecen?

...

Nos acordamos de la época en que no nos habíamos dado cuenta que Musiques Formelles era un texto surrealista: ¡la biblia junto a los gases del calefón de Gauss!
Y Penser la musique aujourd'hui ¡qué antigüedad!
¿Y los sonidos intersticiales?
¿Y los formantes?
¿Y David Tudor como indicación de instrumento?
¡Ah,qué joven fui un día!
(En Nevers, oui, en Nevers).

...

¿Qué queda ya de nuestros pudores?

Estoy aquí y quisiera no tener nada que decir. No en Kansas, sino en un piso 12 en la calle Rivadavia, poniendo un escrito para la tercera reunión de arte contemporáneo en la que Filipelli y Beceyro despedirán al cine, tratando de llegar al recato o a los pudores o a concretar una secuencia que comienza con un re.

En realidad todos los sonidos que pusimos después de él ahora se nos tornan sospechosos.

Creo que habría que empezar todo de nuevo.

...

Decidamos que la primera nota será un re.
Los problemas comenzarán con la segunda.

...

Dejemos madurar el material
a la espera de lo imprevisto
que se torne necesario.

© 1997, Gerardo Gandini

Ponencia leída en la Tercera Reunión de Arte Contemporáneo, Santa Fe, Argentina, octubre 1997. Publicada en sus anales y en Pauta Nº 65, México D.F., Enero-Marzo 1998.

DIOS INVITA A LA MORADA DE LA PAZ (Sagrado Corán, 10:25)

Comunicado

En el nombre de Dios, el Clementísimo, el Misericordiosísimo
“Dios invita a la Morada de la Paz …”. (Sagrado Corán, 10:25)


Una vez más Estados Unidos e Israel amenazan con la guerra, esta vez a Irán. Otra vez esa minoría quiere imponer al mundo una guerra por su loca ambición de poder y explotación de los recursos del planeta.

Inglaterra quiere sacarnos más territorio alrededor de las Malvinas, luego vendrán por más de nuestra agua, minerales y suelo. Dios no lo permita.

Nuestro gobierno no se puede prestar y esperamos que no lo haga, a una guerra contra Irán, aceptando el mal consejo de la comunidad judía local, de Israel y de Bush. No puede aceptar esa incitación a la guerra que supone cortar relaciones diplomáticas, o condenar sin pruebas a Irán por el caso Amia y embajada de Israel, más que unos pobres datos falsos de inteligencia de la Cia y del Mossad.

Irán está colaborando con la justicia argentina para mostrar su inocencia y la falsedad de las acusaciones provenientes de aquellos enemigos. Unos días atrás, la justicia iraní entregó una respuesta de más de cien páginas al embajador argentino en Teherán.

Esperemos que la justicia argentina no continúe prestando más oídos a los “testigos” que presentan la Cia y el Mossad y que sopese imparcialmente todos los datos aunque eso suponga enfrentarse a los poderosos arrogantes de Estados Unidos e Israel.

Los musulmanes en Argentina no somos una comunidad a la que se pueda intentar manchar y calumniar impunemente. Nos encontrarán a todos unidos contra el atropello, la mentira y la calumnia. Que los dirigentes de las entidades judías de la Argentina no se equivoquen nuevamente como cuando viajaron a apoyar a Israel en pleno bombardeo a civiles en el Líbano y cuando pidieron la ruptura de relaciones con Irán y su condena.

No importen un conflicto a nuestro país creando un enemigo que nunca existió en nuestro bendito suelo. Los aislados y minoritarios serán ellos si pretenden alzar sus calumnias contra algún musulmán inocente en nuestro país. Tal como Estados Unidos e Israel están aislados en la opinión pública mundial por su política de guerra y agresión constante basadas en mentiras.

No olvidamos que en el aniversario de la Amia de éste año dijeron que según ellos se llevan bien con la comunidad islámica argentina pero no con nuestras mezquitas. No es verdad, como dice el informe norteamericano publicado en Clarín del día 17 de septiembre del corriente año, las relaciones de la Amia y de la Daia se cortaron con Fearab (Federación de Entidades Arabes de Argentina) y con el Centro Islámico de Argentina a raíz del viaje de los dirigentes de la Amia y de la Daia a Israel para apoyar el bombardeo al Líbano.

La comunidad islámica tiene una trayectoria de Paz, integración y excelente convivencia con el resto de nuestros compatriotas. Todos debemos cuidarla y cultivarla. Aprendamos a convivir entre todos, sin diferencias de credos, razas, etnias, clases sociales, con una verdadera hermandad argentina. Defendamos la paz en nuestro país con respecto al conflicto del Medio Oriente. Nosotros condenamos desde el primer día lo sucedido en la Amia.

No puede ser que el gobierno invite a los representantes de la comunidad judía a viajar a Nueva York en el avión oficial siendo que ésta tiene exigencias desmedidas y nocivas para nuestro país como la ruptura de relaciones con Irán o la condena a ese país amigo de Argentina y de Latinoamérica, con quien debemos estrechar lazos, no cortarlos, arrastrándonos a una guerra funcional para Israel y que, por otra parte, nuestra comunidad no sea ni siquiera recibida para poder expresar su posición ante tanta injusticia y despropósito. Hemos enviado un pedido de audiencia al ministro del interior hace días todavía estamos esperando respuesta.

El mundo se expresó contra la guerra que impuso unilateralmente Estados Unidos a Irak y por ende a todos. Los líderes de todas las religiones, el Consejo Mundial de Iglesias, el Vaticano, la mayoría de los gobiernos y los pueblos expresaron democráticamente su repudio a esa guerra, pero una minoría con fines ilegítimos impuso a sangre y fuego la agresión genocida en Afganistán, Irak, Palestina y el Líbano. ¿Esta vez, podremos impedir una nueva locura bélica contra la República Islámica y la humanidad? Quiera Dios que esta vez sí.


Mezquita At-Tauhid
Asociación Arabe Argentina Islámica
Asociación Islámica Argentina
Mezquita As-Shahid
Casa para la Difusión del Islam

PRESENTACIÓN

PRESENTACIÓN

Soy un profesor español, jubilado de mis actividades, viví en México y en Argentina durante muchos años.

 Dicté clases de letras y lengua extranjera, he brindado conferencias especiales como  profesor emérito de la Universidad de Oxford y Harvard.

En este sitio definiré algunos de mis conceptos e inclinaciones literarios y académicos.

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